Y sí… celebrar toda clase de amor y en toda la extensión de la palabra, porque en verdad deberíamos enaltecerlo todo el mes y más allá.
Por Elizabeth Almazán vía Glamour
Nunca me he considerado cursi, por lo menos no en el sentido al que comúnmente alude la palabra, he ahí que rara vez me haya gustado celebrar San Valentín (a mis propios motivos me remito). No obstante, debo reconocer que este año algo cambió… y lo cierto es que no fue algo repentino inspirado por la euforia del momento, sino tras meditarlo desde otra perspectiva que, evidentemente, se fue redondeando durante los últimos años.
Más allá de San Valentín: ¿Por qué SIEMPRE deberíamos celebrar el amor?
Hablar de amor definitivamente conlleva tocar fibras sensibles. Y ni hablar de tener que festejarlo en un día en específico, el cual pareciera que solo se nos vende la idea de cómo debemos verlo bajo un mismo lente, casi siempre romántico. Hablar de ello se trata de cruzarnos con múltiples visiones, sentimientos e historias, porque, en efecto no existe una sola clase de amor, ni una sola forma de amar.
Pero más allá de celebrarlo con cartas y flores, salidas especiales o cualquier otra clase de detalles, más bien quise reconocer la ocasión y tomarla como una nueva inspiración para atreverme a amar mucho más. ¿Los motivos? Totalmente tienen todo que ver con las siguientes reflexiones.
Sobre el amor real y otras verdades
Para muchos —si no es que para la mayoría— cuando hablamos de amor, sobre todo en San Valentín, rápidamente viene a la mente el romanticismo en pareja. Y no es que culpe al entorno por ello, pero la realidad es que, en cierta manera, la sociedad así nos lo ha hecho creer.
Pensamos en ello como si solo existiera una sola forma de amar, como si nunca se nos hubieran mostrado múltiples maneras de hacerlo y, desde luego, como si no se reflejara a través de cada una de las personas y situaciones que nos rodean.
Y es que aunque bien es cierto que nos hemos acostumbrado a reconocerlo solo a través de ciertos detalles tangibles, son muchas las muestras cotidianas que nos hacen ver que efectivamente —y tal como diría la canción— el amor está en todos lados, por más cliché que suene.
Está ahí, cuando pienso en mi familia y en cada una de mis amistades. Se refleja en mis colegas que aman sus profesiones, en mis maestros más queridos y el cariño con el que enseñan. Puedo notarlo a diario, en mirada de las madres que despiden a sus hijos en el colegio viéndolos entrar hasta que desaparecen en el pasillo y lo he visto nacer y engrandecerse en aquellas madres primerizas que resguardan a sus bebés entre los brazos, anteponiendo su cuidado sobre las necesidades propias. Y sí, definitivamente, vi surgir el amor propio a través de los pequeños niños que me rodean, quienes nunca han temido expresarse y vivir con gran autoconfianza.
Ahora, si algo puedo afirmar sobre el amor, es que habita en todo y en todos, y eso es lo que precisamente lo vuelve uno de los sentimientos más grandes y poderosos. Por ello, ¿por qué no concientizarse sobre él a diario?
Romantizar la vida y revalorizar el amor
Si algo he comprobado es que romanizar cada día y cada instante es asignarle un nuevo significado al amor. Romantizar la vida es elegir mirar sus destellos con plena conciencia pese a sus sombras intrínsecas. Es detenerse en lo mínimo y comprender que el asombro no siempre irrumpe; muchas veces susurra. Y solo quien baja el ritmo logra escucharlo.
Siempre me ha gustado hacerlo, pero solo con el tiempo entendí que se trata de un ejercicio continuo de atención plena en el que el amor recupera su sitio, revalorizándose más allá de los grandes gestos, en la constancia de lo pequeño. Cuando romantizamos nuestra existencia el amor deja de ser un acto fechado y se vuelve atmósfera constante que rodea, sostiene y resignifica incluso en los días grises.
Basta con ver la belleza en un halo de luz que entra por la ventana, en el aroma del café recién hecho, en tomar un helado mientras conversamos con un amigo, en una charola con galletas perfectamente acomodadas aunque sea solo para disfrutarse en soledad, en la paz que se respira al pasear por el parque con el perro o en leer un libro desde nuestro sillón favorito.
Romantizar la vida es habitar el tiempo con mayor suavidad. Y quizá por eso importa celebrarlo. Porque al hacerlo, recordamos que amar —y sabernos amados— sigue siendo una de las experiencias más transformadoras y luminosas de la existencia.
Amor propio: la nueva forma de romanticismo
Alguna vez escuché que “antes de ser refugio para alguien más, el amor comienza como casa interior”. Y no hay verdad más grande que ello. Si bien el amor es la ruta de conexión más significativa que tenemos con los que nos rodean, también es la forma más devota, real y sincera de atesorar quiénes somos.
Habita en la forma en que nos hablamos cuando fallamos, en la paciencia que nos ofrecemos cuando algo duele, en el permiso que nos damos para no ser perfectos. El amor propio no es complacencia, es reconocimiento profundo de la dignidad propia.
Mucho se nos habla sobre autoestima y amor propio, pero debemos aceptar que poco nos han enseñado a reconocerlo como la forma más grande de elogio y validación que se puede —y debe— sentir por uno mismo por encima de lo que piensen los demás. Celebrarlo implica reconciliarse con nuestra historia propia, incluso con sus grietas, y entender que ahí también vive la belleza.
Y ahí, desde ese centro firme, el amor hacia otros cambia de naturaleza: ya no nace de la carencia, sino de la abundancia. Se ofrece sin miedo, sin negociación, sin pérdida de sí.
Sí, no voy a mentir, celebrar el amor no me ha vuelto más cursi, pero definitivamente cambió la perspectiva desde la que veo la vida. Me permitió descubrir grandes tesoros en los pequeños detalles y en cada vivencia, recordándome que habita en todo y todos aquellos que nos rodean si se le ve desde el lente adecuado. He ahí el doble de razones para celebrarlo más allá de San Valentín.


















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































