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  • 27 de junio de 2025
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Son vampiros que viven en tu cuerpo sin pagar renta.

Por Pamela Vázquez vía Glamour

Es medio día y estás absolutamente fatigada, como si llevaras semanas corriendo un maratón sin dormir. Los hábitos que te roban energía pueden ser la causa de ese inexplicable cansancio extremo que se apodera de ti a todas horas, todos los días, aunque tomes 10 tazas de café.

Antes de pasar a la lista de costumbres que están afectando tus niveles de energía, hay que aclarar los dos tipos de cansancio: físico y mental. La psicóloga María Alejandra Sánchez, creadora de @psiconfort, explica que “el sueño repara principalmente el cuerpo físico, pero el agotamiento emocional requiere procesamiento consciente de emociones acumuladas, reconfiguración de límites personales, restauración del sentido de propósito y significado, y reconexión con fuentes auténticas de energía vital”.

Tener un descanso reparador no siempre se logra durmiendo varias horas en un espacio tranquilo y oscuro. A veces es necesario hacer cambios estructurales en tu rutina diaria para aumentar tus ganas de vivir en el día a día. Aquí te dejamos una lista de actividades que pueden necesitar un reemplazo más saludable.

Falta de energía por falta de vitaminas
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10 malos hábitos que te roban energía sin darte cuenta

Saltar comidas

Tu cuerpo necesita energía constante para funcionar correctamente. Al omitir el desayuno, la comida o la cena (e incluso los snacks), se desequilibra el azúcar en la sangre, lo que puede causar fatiga, irritabilidad, ansiedad por comer en exceso más tarde e incluso afectar tu metabolismo a largo plazo. Además, al no tener nutrientes en los momentos clave, entrarás en modo de ahorro y puede dificultar la pérdida de grasa o el desarrollo muscular. Comer de forma regular mantiene tu energía, concentración y salud hormonal en armonía.

Consumir alimentos poco nutritivos

Azúcares refinados, grasas saturadas y ultraprocesados. Esos que curiosamente se nos antojan cuando estamos atravesando un periodo difícil emocionalmente, pueden provocar picos rápidos de energía seguidos de caídas abruptas, dejándote con sensación de fatiga, falta de concentración y bajo rendimiento físico o mental aún peor del que tenías antes de comerlos.

Estos alimentos no aportan los nutrientes esenciales que tu cuerpo necesita para funcionar de forma sostenida, como vitaminas, minerales, fibra y proteínas de calidad. A largo plazo, esta dieta desequilibrada puede alterar tu metabolismo, afectar tu sistema inmune y aumentar la inflamación, generando un estado de agotamiento crónico disfrazado de “normal”.

Llevar un horario de sueño irregular

Básicamente, desajusta tu reloj biológico y afecta directamente tus niveles de energía durante el día. Cuando duermes a horas diferentes cada noche, tu cuerpo no sabe cuándo descansar ni cuándo activarse, lo que puede provocar fatiga constante, dificultad para concentrarte, cambios de humor y menor rendimiento físico. Además, interrumpe los procesos de recuperación muscular, memoria y regulación hormonal que ocurren durante el sueño profundo.

Pasar demasiado tiempo pasiva

Llevar una vida sedentaria reduce progresivamente tus niveles de energía porque el cuerpo, al no moverse, entra en un estado de letargo físico y mental. La falta de actividad disminuye la circulación sanguínea, el flujo de oxígeno al cerebro y la liberación de endorfinas, lo que puede traducirse en fatiga, apatía y dificultad para concentrarte.

Además, el sedentarismo debilita los músculos y ralentiza el metabolismo, haciendo que tareas cotidianas te resulten más agotadoras. Es un círculo vicioso: cuanto menos te mueves, menos energía tienes… y menos ganas de moverte.

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Acumular muchos pendientes

La procrastinación drena tus niveles de energía porque mantiene tu mente en un estado constante de alerta y culpa, incluso cuando no estás haciendo nada. Postergar tareas genera una carga mental latente, como una pestaña abierta en el fondo que nunca se cierra, consumiendo atención, aumentando el estrés y saboteando tu motivación. A medida que acumulas pendientes, el cerebro entra en modo evasivo y tu energía se dispersa, dejándote agotada sin haber avanzado nada. Irónicamente, no hacer lo que sabes que tienes que hacer es una de las formas más sutiles de cansancio emocional.

Ver grandes cantidades de contenido negativo/irreal

Sobreestimular tu sistema nervioso con estrés, ansiedad y una sensación constante de amenaza es la consecuencia de estar demasiado pendiente de malas noticias que encienden el botón de la ira y contenido irreal en redes sociales que disparan las alarmas de la comparación.

El cerebro, al estar expuesto repetidamente a estímulos alarmantes, libera cortisol (la hormona del estrés), lo que puede provocar fatiga mental, alteraciones del sueño y dificultad para enfocarte. Con el tiempo, esta carga emocional sostenida puede dejarte drenada, apática o incluso insensible, como si tu energía se filtrara por una grieta invisible. Lo que consumes con los ojos también alimenta (o agota) tu mente.

Hacer varias cosas a la vez

Trabajar en home office con una serie de fondo mientras comes un bowl de palomitas y platicas con tu roomie. Si solo leerlo te abrumó, imagínate lo que le hace a tu cerebro. El multitasking disminuye tus niveles de energía porque obliga a tu cerebro a dividir su atención constantemente, lo que genera una sobrecarga cognitiva innecesaria.

Aunque parezca eficiente, cambiar de una tarea a otra interrumpe tu concentración, ralentiza el rendimiento y aumenta la fatiga mental. Esta fragmentación continua agota tus recursos de enfoque y te deja con la sensación de haber hecho mucho, pero sin avanzar realmente.

Pasar demasiado tiempo en digital

Usar dispositivos electrónicos por mucho tiempo sobreestimula el cerebro con luz azul, notificaciones y multitareas digitales constantes. Esta hiperconexión interfiere con los ritmos circadianos, altera el sueño y agota la capacidad de concentración, provocando fatiga mental aunque estés físicamente en reposo.

Además, el sedentarismo asociado al uso excesivo de pantallas reduce la oxigenación y la circulación, lo que contribuye a una sensación general de agotamiento. Al final del día, tanta estimulación ininterrumpida en estado físicamente pasivo drena tu energía como si hubieras corrido sin moverte.

Mujer viendo su celular
¿Cuando vas a tener una cita, siempre te aplican el temido ghosting? O peor aún, ¿tú lo haces? Entonces debes leer estoGetty Images

Trabajar largas jornadas

No desconectarte para nada del trabajo, salvo cuando estás durmiendo disminuye tus niveles de energía porque sobrecarga el cuerpo y la mente, llevándolos a un estado de agotamiento constante. El estrés acumulado, la falta de descanso y la presión continua reducen tu capacidad de concentración, debilitan el sistema inmunológico y afectan tu estado de ánimo. Aunque al principio parezca productivo, el exceso de trabajo agota tus reservas físicas y emocionales, volviéndote menos eficiente con el tiempo.

Aislarte de la vida social

Los vínculos humanos son una fuente clave de motivación, regulación emocional y bienestar mental. La soledad prolongada puede aumentar los niveles de cortisol, disminuir la serotonina y generar sentimientos de apatía, tristeza o desánimo, drenando tu vitalidad sin que te des cuenta. Sin interacción social, el cerebro pierde estimulación positiva, y el cuerpo responde con menor entusiasmo, menos movimiento y más fatiga emocional. Somos seres sociales: desconectarnos nos apaga por dentro, incluso si el cuerpo sigue en marcha.

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