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  • 1 de febrero de 2026
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Una vida más plena, más larga y más sana: estos son los superpoderes de la gratitud, la práctica más estudiada y documentada de la psicología positiva.

Por Marie Bladt vía Vogue

Según el Dr. Robert Emmons, considerado el principal investigador sobre la gratitud, ésta consiste en observar las cosas buenas de nuestra vida. Contemplar, meditar, escribir las cosas por las que estamos agradecidos, escribir una carta de agradecimiento a alguien, dar las gracias antes de las comidas… Dedicar unos minutos al día a la gratitud es increíblemente nutritivo para el cuerpo, la mente y el alma. Detrás de este sencillo ejercicio se esconden efectos asombrosos sobre la salud mental y física, puestos de relieve por décadas de investigación científica.

¿Cuáles son los beneficios de practicar la gratitud todos los días?

Reestructuración del cerebro

Una investigación del Dr. Robert Emmons ha demostrado que las personas que expresan gratitud a diario son un 25% más felices. “Se sienten más satisfechas, encuentran más sentido a sus vidas, experimentan alegría e incluso se maravillan de su experiencia vital”, explica el Dr. Andrew Huberman, neurocientífico estadounidense, profesor de neurobiología y oftalmología en la Facultad de Medicina de Stanford y famoso podcaster.

La gratitud tiene un efecto de reencuadre cognitivo: al entrenar al cerebro para ver lo positivo, lo ve más. Es un poco como la teoría del coche amarillo: una vez que eres consciente de algo (un coche amarillo), empiezas a verlo en todas partes. Al ejercitarla, la gratitud tiene el poder de contrarrestar un mecanismo cerebral natural que, por defecto, tiende a centrarse en lo negativo para protegernos.

Claridad mental

“También ayuda a maximizar el potencial de la mente. Mejora nuestra atención, nuestra memoria y nuestra intención”, explica el Dr. John Demartini, especialista de renombre mundial en comportamiento humano y autor de El efecto gratitud (publicado por G&D Media). “Cuando nos encontramos en un estado de profundo agradecimiento, la experiencia inmediata es la claridad mental. Recuperamos la lucidez. Tenemos acceso a la inspiración. Y hagamos lo que hagamos, pasamos a un nivel superior. Es automático”.

Resistencia emocional

En los estudios realizados, los escáneres cerebrales han demostrado que las regiones del cerebro activadas por la gratitud están vinculadas a la recompensa y la regulación emocional. Así, tienen prioridad sobre la amígdala, el centro del miedo y la ansiedad. Con el tiempo, el estado emocional general se vuelve más tranquilo, equilibrado y resistente. El sistema nervioso simpático (la respuesta de lucha y huida que se produce cuando el cuerpo se siente en peligro) se activa menos en favor del sistema nervioso parasimpático, lo que reduce los niveles de cortisol hasta en un 23%, según el Dr. Robert Emmons.

Mejor sueño y mejor salud

Cultivar la gratitud también activa el hipotálamo, que desempeña un papel esencial en el sueño. Como resultado, las noches son más reparadoras, más largas y de mejor calidad. Los expertos sugieren incluso que es más fácil levantarse por las mañanas y que vuelve la motivación. La simple práctica de la gratitud también tiene beneficios reales para la salud física, revelados por estudios recientes: menos inflamación en el organismo, mejor salud cardiovascular y neuronal, respuesta inmunitaria reforzada. Según investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, el riesgo de mortalidad por cualquier causa se reduce en un 9% en quienes deciden centrarse en lo que tienen en lugar de en lo que les falta. Por tanto, unos segundos de agradecimiento favorecen la búsqueda de la longevidad al provocar cambios fisiológicos reales.

¿Puede practicarse la gratitud en tiempos difíciles?

Sin embargo, el círculo virtuoso que supone la gratitud plantea una pregunta: si la gratitud aumenta la felicidad, ¿significa que es imposible sentirla cuando nos sentimos mal? ¿O que debemos ignorar la infelicidad? En absoluto, según el doctor Robert Emmons, la gratitud puede coexistir con la dificultad.

Su principio de “gratitud madura” reside en la capacidad de reconocer lo bueno incluso cuando parece ausente y sin minimizar el dolor. “Cualquier crisis contiene siempre una bendición oculta si te tomas el tiempo de mirar un poco más de cerca”, explica el Dr. John Demartini. “Nunca hay una pérdida sin una ganancia, una ventana que se cierra sin que se abra una nueva, una tragedia sin un efecto cómico posterior”.

Basándose en este principio, recomienda no esperar y buscar la gratitud en los momentos difíciles. Y la buena noticia es que, al modificar los circuitos neuronales, el estado de gratitud se convierte en un modo base. “Los circuitos asociados a la alegría y la motivación dominan nuestra fisiología y nuestro estado de ánimo. Así que no necesitamos forzarnos constantemente para ser felices”, afirma el Dr. Andrew Huberman.

¿Cómo puedo practicar la gratitud en mi día a día?

El diario de gratitud

Escribir cada día tres cosas por las que estamos agradecidos es la forma más popular de expresar gratitud. Tres semanas de práctica bastan para cambiar la estructura física del cerebro, según los investigadores. “Empieza a adoptar una perspectiva que consista en analizar el mundo no buscando primero los aspectos negativos, sino los positivos”, según el psicólogo estadounidense Dr. Sean Anchor, autor de The Happiness Advantage (publicado por Virgin Books). Por la noche, el diario de gratitud promete una noche más tranquila y descansada. Por la mañana, abre una nueva perspectiva para el día.

La carta de agradecimiento

Los científicos coinciden en que escribir una carta a alguien libera emociones y pone de relieve la importancia de esa persona para uno. Este ejercicio vital te hace sentir más conectado con los que te rodean y contigo mismo. ¡Tanto si decides enviar la carta a la persona a la que va dirigida como si no!

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