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Una guía práctica, respaldada por la ciencia, para entrenar el cuerpo, el cerebro y la piel a recuperarse para estar en su mejor estado.

Por Mélanie Defouilloy vía Vogue

Una gran parte de la población mundial reporta sentir un cansancio y agotamiento constantes propios del burn out, con consecuencias directas para su productividad y bienestar. En nuestro mundo agitado, la búsqueda de energía se ha convertido en una obsesión. Ya sea para estimular nuestra piel, nuestra mente o nuestro cuerpo, buscamos constantemente formas de aumentar nuestra energía a todos los niveles, así como nuestro rendimiento general.

No hay más que ver el enorme éxito de la industria de las bebidas energéticas. En 2020, su valor ascenderá a 53,000 millones de dólares. En 2026, superarán los 86,000 millones. Este auge refleja una demanda creciente de soluciones rápidas, en detrimento de la salud a largo plazo. Para la doctora Adeline Richard, especialista en medicina funcional y longevidad que dirige los programas de la clínica Nescens, la causa principal es nuestro estilo de vida, que ya no está en sintonía con la forma en que se supone que debe funcionar nuestro organismo.

¿Por qué surge el burn out?

“El estrés, el sedentarismo, la falta de sueño, las pantallas y las deficiencias nutricionales tienen un impacto negativo en la salud de nuestras mitocondrias, las baterías de nuestras células”. Así que en un mundo sin pausas que no nos da la oportunidad de recargarnos, “nuestros sistemas nerviosos simpático y parasimpático ya no están en equilibrio. Por supuesto, es perfectamente normal experimentar una desaceleración en determinados momentos de nuestra vida”, añade el Dr. Richard.

Pero el desgaste debería explicarse por un cambio de hábitos en la vida diaria. Como la llegada de un hijo o un cambio fisiológico, como la menopausia. Experimentarlo a diario sin motivo alguno ya es señal de que algo no funciona de forma óptima, y tiene muchas consecuencias en la salud mental. Mentalmente, la concentración es más difícil, los cambios de humor son más frecuentes y aumenta la desmotivación. Físicamente, aumenta el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas.

El agotamiento también deja su huella en el rostro: hipotonía muscular, ptosis, párpados caídos, surcos nasogenianos acentuados y falta general de firmeza. Desde un punto de vista fisiológico, el cansancio se asocia a un aumento del cortisol. Este neuromediador refleja nuestra resistencia al estrés, ya sea emocional o físico. “En exceso en la piel, aumenta los fenómenos inflamatorios y las disfunciones inmunitarias. Esto contribuye al envejecimiento prematuro de la piel”, explica José Ginestar, farmacéutico y Director Científico de los Laboratorios Sisley.

Pero, ¿por qué recurrir a nuevas fuentes de vitalidad cuando la Organización Mundial de la Salud sigue recomendando el combo deporte + dieta + sueño? Porque este trío tiene sus límites. Si el organismo ya se encuentra en un estado de estrés crónico, el deporte intenso empeora el estado general. Si dormimos lo suficiente (entre 7 y 9 horas por noche), probablemente nos falte sueño profundo.

En cuanto a la alimentación, es probable que una alimentación baja en carbohidratos agote aún más el organismo. “Cada persona es diferente, como lo son sus respuestas a las intervenciones que intentan devolverles el equilibrio”, afirma el Dr. Richard. Los recientes avances en neurociencia han permitido comprender mejor la interacción entre el cuerpo y la mente. Ofrecen un nuevo enfoque para optimizar nuestra forma física general. ¿Cómo conseguir que el cuerpo, el cerebro y la piel vuelvan a latir?

Hábitos para salir del burn out y recuperar la calidad de vida

Hábito 1: Centrarse en el reequilibrio energético

En lugar de tratar los síntomas y reducir al paciente a un cuerpo, las terapias alternativas consideran al individuo como un todo. Por ejemplo, la medicina china se basa en el principio de que los órganos están unidos entre sí por una energía (qi) que circula por canales (meridianos) y centros energéticos (chakras). Debe fluir libre y abundantemente, como un fluido invisible. Pero demasiado estrés, agitación y tensión perturban su vitalidad.

“Esto no significa que no podamos hacer nada, sino que el cuerpo se agota, le cuesta recargarse y tiene que hacer grandes esfuerzos para mantener su equilibrio interior”, explica Anne-Laure Benattar terapeuta de cuerpo y mente. Si esta situación persiste, se corre el riesgo de que ese nudo, que era simplemente energético, se incruste en el cuerpo en forma de disfunciones o incluso enfermedades.

Hábito 2: Apóyate en la neurociencia

La piel y el cerebro son únicos porque se forman al mismo tiempo, en el día 21 del embrión. Es entonces cuando el ectodermo, la capa celular más externa, da lugar tanto al sistema nervioso como a la epidermis. Este proceso los vincula de forma asombrosa. Tanto es así que ciertas células de la piel producen las mismas hormonas que un cerebro quemado. Ahora sabemos que los queratinocitos también tienen la capacidad de producir cortisol.

“Actuando sobre los neurotransmisores en el origen de los mensajes intercambiados entre el cerebro y la piel, ahora es posible influir en el funcionamiento y la calidad de la piel. Actuando sobre los neuro-mediadores en el origen de los mensajes intercambiados entre el cerebro y la piel, ahora es posible influir sobre el funcionamiento y la calidad de la piel a través de las emociones, y viceversa”, explica José Ginestar, farmacéutico y Director Científico de los Laboratorios Sisley.

“Y con 800,000 neuronas, 11 metros de nervios y nada menos que 200 receptores sensoriales por cm2, las posibilidades son infinitas. Esta comunicación bidireccional nos permite comprender que el estado mental tiene un impacto directo en la salud y el aspecto de la piel”, añade la psicodermatóloga Dra. Anny Cohen-Letessier. A la inversa, también podemos estimular toda la red neurológica mediante aplicaciones tópicas. Así si cuidas tu piel, también estás cuidando tu salud mental.

Artículo publicado originalmente en Vogue Francia, vogue.fr.

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