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  • 7 de agosto de 2026
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Los datos muestran cómo las mujeres pierden más de 7 horas libres a la semana debido a la carga del hogar, mientras los hombres ganan tiempo.

Por Milagros Castellanos vía Nueva Mujer

¿Alguna vez te has preguntado qué cambia realmente después del “sí, acepto”? Aunque las películas suelen mostrar el matrimonio como el inicio de una vida compartida llena de felicidad, diversos estudios y estadísticas revelan una realidad cotidiana menos visible: la distribución del tiempo dentro del hogar continúa siendo desigual.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI), retomados y analizados por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), contraer matrimonio modifica significativamente el tiempo destinado al ocio y al descanso. En promedio, las mujeres casadas pierden 7.3 horas semanales de tiempo libre, mientras que los hombres ganan alrededor de 2.9 horas.

¿Por qué ellas pierden horas libres y ellos ganan descanso?
¿Por qué ellas pierden horas libres y ellos ganan descanso? (africaimages.com (Olga Yastremsk)

Radiografía de una jornada que cambia con el matrimonio

Para comprender mejor este fenómeno, el Institute for Social Research de la Universidad de Michigan, bajo la dirección del economista Frank Stafford, analizó información del Panel Study of Income Dynamics (PSID), una de las investigaciones longitudinales más importantes de Estados Unidos. El estudio utilizó diarios de uso del tiempo, una metodología que registra minuto a minuto las actividades diarias para medir con precisión el trabajo remunerado, las tareas domésticas, el ocio y el descanso.

Los resultados mostraron una distribución desigual del trabajo doméstico. En promedio, las mujeres casadas dedicaban alrededor de siete horas más por semana a las tareas del hogar que las mujeres solteras, mientras que los hombres casados realizaban aproximadamente una hora menos de estas labores que los hombres solteros. Si bien el estudio no establece una relación de causa y efecto, sí evidencia que el matrimonio suele asociarse con una reorganización asimétrica del tiempo dedicado al hogar.

A esta evidencia se suma la perspectiva de la reconocida socióloga Arlie Russell Hochschild, quien popularizó el concepto de “la segunda jornada”en sus investigaciones sobre parejas con doble ingreso. Según la autora, muchas mujeres, al finalizar su empleo remunerado, comienzan una segunda jornada compuesta por labores domésticas, cuidados familiares y gestión del hogar, un trabajo indispensable que, en la mayoría de los casos, no recibe remuneración económica ni reconocimiento formal.

El valor económico del trabajo que no aparece en la nómina

La importancia de estas tareas va mucho más allá del ámbito familiar. Organismos internacionales y oficinas nacionales de estadística han señalado que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa una enorme contribución para la economía. Si estas actividades se valoraran a precios de mercado, su aporte equivaldría a una parte significativa del Producto Interno Bruto (PIB), lo que refleja el peso económico de un trabajo que continúa realizándose, en gran medida, dentro de los hogares.

Esta realidad ha llevado a numerosos especialistas a sostener que buena parte del funcionamiento de las economías depende del trabajo de cuidados que millones de personas, principalmente mujeres, realizan sin recibir un salario por ello.

¿Por qué ellas pierden horas libres y ellos ganan descanso?
¿Por qué ellas pierden horas libres y ellos ganan descanso?

Rompiendo mitos y construyendo hogares más equitativos

El desafío de fondo no es el matrimonio en sí, sino la permanencia de roles tradicionales que siguen asignando de manera desigual las responsabilidades domésticas. Cuando una persona dispone de menos tiempo para descansar, recrearse o cuidar de su propia salud, las consecuencias pueden reflejarse en su bienestar físico, emocional y profesional.

Visibilizar este “impuesto invisible” del tiempo es un paso importante para replantear la distribución de las tareas dentro del hogar. Compartir las responsabilidades no solo favorece relaciones más equitativas, sino que también permite que el descanso, el tiempo libre y las oportunidades de desarrollo sean verdaderamente compartidos.

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