“Simplemente levántate y sigue caminando, chica”.
Por Pamela Vázquez vía Glamour
En 1994, se generaron chispas de amor entre Jennifer Aniston y Brad Pitt, pero lo que pronto evolucionó a un admirado matrimonio, terminó desintegrado siete años después, dando paso a uno de los divorcios entre celebridades más memorables en la historia del espectáculo.
Pero lo que para los espectadores representa una historia cautivadora, los protagonistas lo recuerdan como un periodo amargo en sus vidas por el embrollo mediático que lo acordonó más que por la misma separación: la actriz de ‘Friends’ lo calificó como “traumático”, mientras que el actor de ‘F1’ lo considera “una molestia”.
Desde el 2005, cuando el comunicado con la confirmación más devastadora para el amor hollywoodense apareció en los medios, Jennifer y Brad han mantenido los detalles lo más privado posible, sin embargo, también han compartido a cuenta gotas cómo fue su experiencia atravesando un divorcio de casi una década al centro del ojo público.
La declaración más reciente llegó en estos días, gracias a que Aniston le compartió una parte inédita de su testimonio a ‘Vanity Fair’ para su entrevista de portada que incluye las cosas que le ayudaron a afrontar el duelo y las críticas. Sus comentarios siguen solo unas semanas después de que Pitt hablara sobre cómo ha afectado la atención masiva a su vida romántica.
Jennifer Aniston recuerda cómo superó su divorcio con Brad Pitt entre el escrutinio público
“Queremos anunciar que, tras siete años juntos, hemos decidido separarnos formalmente. Para quienes siguen este tipo de temas, queremos aclarar que nuestra separación no se debe a ninguna especulación de la prensa sensacionalista. Esta decisión es fruto de una profunda reflexión. Seguimos siendo amigos comprometidos y cariñosos, con gran amor y admiración. Les pedimos de antemano su amabilidad y sensibilidad en los próximos meses”, se leía en el comunicado de su separación.
Lamentablemente, sus peticiones no fueron respetadas, pues en cuanto ‘PEOPLE’ publicó la nota, todos los medios y espectadores se enfocaron en desmenuzar la situación. Pronto se descubrió la participación de Angelina Jolie en el rompimiento de la golden couple de Hollywood, lo que incentivó la llamarada del drama a niveles estratosféricos, estableciendo uno de los triángulos amorosos en la vida real más comentados.
Aniston le contó al medio esatadounidense que le fue muy difícil lidiar con la avalancha mediática: “no tenía una constitución lo suficientemente fuerte como para no verme afectada”, y generó una particular decepción con la perspectiva adoptada desde afuera: “Fue una lectura muy jugosa para la gente. Si no tenían sus telenovelas, tenían sus tabloides. Es una pena que tuviera que pasar, pero pasó. Y vaya si me lo tomé como algo personal”, confesó.
Como resultado, desarrolló trastorno por estrés postraumático, aunque muchas personas desestimen su experiencia. “Somos seres humanos, aunque algunos no quieran creerlo. Piensan: ‘Si te apuntaste, lo aceptas’. Pero en realidad no nos apuntamos a eso“, agregó.
Para afrontar la interminable conversación alrededor de su divorcio, compartió que se ha basado en dos tácticas muy efectivas que recomienda ampliamente: adoptar el “modo supervivencia” y el mantra “simplemente levántate y sigue caminando, chica”.
Además, reflexionó sobre un importante papel en su carrera que le ayudó a atravesar este mal trago en el momento que más lo necesitaba. Se trata de Brooke Meyers en ‘The Break-Up’, la cinta del 2006 dirigida por Peyton Reed sobre el personaje de Aniston cuando se siente menospreciada por su pareja Gary Grobowski (Vince Vaughn) e intenta hacer todo lo posible por salvar su relación, hasta que finalmente desiste y terminan, pero deben seguir viviendo juntos porque ninguno quiere mudarse del lujoso apartamento, y así se enfrascan en interminables disputas.
“Fue una especie de catarsis empezar desde ese momento. Así que, cuando [los productores] vinieron a mí, estaban un poco nerviosos por hacerme la oferta, porque pensaban ‘¿Es insensible? ¿Es inapropiado?’. Pero yo, en realidad, pensé ‘¡Qué gran oportunidad!’”, recordó.
Aunque a simple vista parezca un chisme más del montón, la experiencia de Jennifer Aniston muestra un lado más vulnerable de las figuras públicas que, si bien no desconocíamos, aún seguimos subestimando, cuando en realidad merecen tanto respeto como cualquier persona. Por ello, es un buen momento para reflexionar sobre la información que consumimos y la forma en que nos expresamos de la vida de otros, sobre todo para evitar dejarnos llevar por la falsa idea de que si no forman parte de nuestro círculo cercano, nuestros comentarios no los alcanzarán. Porque sí, los ven y les afectan a niveles que no imaginamos.






















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































