Lo que al principio aparentaba ser una comedia romántica estudiantil más, pronto da un giro y se convierte en una intensa travesía emocional.
Por Hannah Madlener vía Glamour
Mi año en Oxford se convierte oficialmente en la película más vista de Netflix y con justa razón. El drama romántico dirigido por Iain Morris a partir del guion de Allison Burnett y Melissa Osborne, es una historia con tintes reales que conmueve al espectador hasta las lágrimas.
Esta cinta protagonizada por Sofia Carson y Corey Mylchreest, nos recuerda que el amor auténtico no siempre viene acompañado de finales felices, sino que implica elecciones dolorosas y lazos que perduran más allá del tiempo.
¿De qué trata Mi año en Oxford?
La historia sigue a Anna De La Vega, una entusiasta estudiante estadounidense que llega a la Universidad de Oxford para cumplir el sueño de su infancia. Ella tiene toda su vida perfectamente planeada, pero la aparición de un atractivo profesor tanto inteligente como enigmático, Jamie Davenport, la hará replantearse sus planes. Lo que comienza como una experiencia académica se convierte en algo mucho más íntimo y transformador.
La química entre ambos es instantánea, pero también existe la sensación de que Jamie no está siendo totalmente sincero y esconde un oscuro secreto que podría cambiarlo todo.
Lejos del campus, Anna y Jamie coinciden en un bar, aunque no interactúan hasta que ella se ve envuelta en un altercado con un londinense prepotente. Jamie interviene y se ofrece a acompañarla a casa, pero en el trayecto hacen una parada en un bar con karaoke. Desde aquí, ambos vivirán múltiples momentos especiales que les ayudará a darse cuenta lo mucho que se gustan.
¿Qué pasa en el final de Mi año en Oxford?
Aunque Jamie en un principio se muestra reservado sobre su vida personal, con el tiempo decide abrirse con Anna, la lleva a su hogar y le confiesa que su hermano Edward falleció de cáncer y que mantiene una relación conflictiva con su padre.
Tiempo después, Jamie le confiesa que él también fue diagnosticado con cáncer y tiene los días contados. A pesar de ello, ha decidido no someterse a ningún tratamiento, ya que prefiere aprovechar al máximo el tiempo que le queda. Esta elección es el motivo de su conflicto con su padre, William Davenport, y también la razón por la que dejó claro a Anna que lo suyo no pasaba de ser algo sin compromisos.
Sin más secretos, ambos se dedican a disfrutar de cada momento juntos.
En el cumpleaños de Anna, Jamie le organiza una fiesta en su antigua casa, donde también logra reconciliarse con su padre. Sin embargo, surge una discusión entre la pareja cuando Anna revela que ha decidido quedarse en Londres. Aunque Jamie siempre la alentó a salirse de sus planes, no quiere que lo haga por su causa.
Tras reconciliarse, Anna y Jamie comparten una noche especial. Pero al día siguiente, la salud de Jamie se deteriora. En una de sus visitas, él le pide a Anna que cumpla su plan de recorrer Europa. Ella acepta y, mientras lo abraza en la cama, le cuenta con ilusión lo que harán juntos durante el viaje.
Al final de Mi año en Oxford, se muestran imágenes de la pareja explorando distintos destinos europeos, aunque se entiende que forman parte del deseo de Anna más que de una realidad vivida.
No obstante, después del fallecimiento de Jamie, Anna cumplió su promesa y emprendió el viaje.
Mi año en Oxford de Netflix final explicado: ¿por qué Anna no regresa a Estados Unidos?
Anna no regresa a Estados Unidos en Mi año en Oxford, debido a que conocer a Jamie le transformó su visión de la vida.
Al principio, es solo su enfermedad lo que impide que Anna retome su vida en Nueva York, pues quiere quedarse con él más tiempo. Pero, al final, es su pasión por la poesía y la literatura lo que la impulsa a renunciar a su lucrativo trabajo. Le encanta dar clases con Jamie, y al final de la película, incluso se hace cargo de su seminario.
Mi año en Oxford de Netflix: ¿qué significa el final?
La última escena es sutil pero inconfundible. Anna, rodeada de estudiantes, ofrece un bizcocho Victoria —tal como lo hizo Jamie al principio de la primera clase— y abre la clase con el mantra: “La poesía se puede enseñar, pero hay que vivirla. Deberías probarla, conectar con ella y dejar que te cambie la vida”. Eso es precisamente lo que Jamie le enseñó.
Mi año en Oxford es, por lo tanto, más que una comedia romántica; quizá ni siquiera lo sea. En definitiva, el significado se resume bien en el poema que inesperadamente escuchamos de Charlie en la ceremonia de graduación: “Media luz, media sombra, deja que mi espíritu duerma. Nunca aprendieron a amar quienes nunca supieron llorar”. Originalmente de “Amor y dolor” de Alfred Lord Tennyson.





























































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































