Fiscalía advierte que la célula criminal está “muy disminuida”.
Rodrigo Sandoval/PCM Noticias
Tras la detención de “El Botox” por el homicidio de Bernardo Bravo, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y el fiscal general Carlos Torres Piña aseguraron que continúa el desmantelamiento de la organización criminal conocida como Los Blancos de Troya, que operaba principalmente en Apatzingán, aunque en la región persiste un ambiente de extorsión y temor que inhibe las denuncias.
El mandatario estatal sostuvo que no sólo se logró la captura del presunto líder, sino que se han realizado cateos y decomisos relevantes como parte de una investigación más amplia contra la red que encabezaba. Entre las acciones destacó el aseguramiento de máquinas tragamonedas, consideradas —dijo— una de las principales fuentes de financiamiento de la delincuencia organizada.
Bedolla afirmó que desde hace año y medio se mantiene una operación permanente en Apatzingán, incluida la llamada operación “Citrícola” encabezada por la Defensa Nacional, así como operativos constantes en todo el estado para decomisar estas máquinas. Señaló que en Michoacán se han asegurado más de 3 mil 500 “maquinitas”, las cuales, insistió, financian directamente actividades delictivas y generan entornos propicios para otros delitos.
En ese sentido, hizo un llamado a la sociedad y a los ayuntamientos para clausurar negocios donde operen estos aparatos y colaborar en su decomiso, al advertir que los llamados “minicasinos” son un mecanismo real y permanente de financiamiento criminal.
Por su parte, el fiscal Carlos Torres Piña indicó que, pese a la captura del líder, se continuará con el desmantelamiento de la célula y que el estado de fuerza en la región se mantendrá. Aseguró que varios integrantes han sido detenidos y que han aportado información relevante para ampliar las investigaciones.
Respecto a una posible reconfiguración interna, el fiscal señaló que los posibles nuevos liderazgos se encuentran “muy disminuidos”, aunque reconoció que los operativos deben continuar para evitar que la estructura se reorganice.
Las autoridades sostienen que se trabaja en el debilitamiento financiero y operativo del grupo; sin embargo, en Apatzingán persiste la percepción de extorsión generalizada a comercios y servicios, así como una baja cifra de denuncias formales, atribuida al temor de represalias, en un contexto donde el reto no sólo es capturar liderazgos, sino romper el control territorial y económico que aún resiente la región.








































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































