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Tras el histórico juicio de Gisèle Pelicot en Francia, una investigación exclusiva de CNN descubrió que los agresores no desaparecieron: migraron sus chats secretos a Telegram. En estos grupos globales se comparten guías para sedar y abusar de mujeres.

Por Suelen Granda vía Nueva Mujer

El histórico juicio en Aviñón, Francia, contra Dominique Pelicot y otros 50 hombres parecía haber marcado un punto de quiebre en la lucha contra la violencia sexual digital y la sumisión química. Sin embargo, la justicia humana no siempre avanza a la misma velocidad que los algoritmos. Una alarmante y profunda investigación periodística realizada por la cadena internacional CNN encendió las alertas globales al demostrar que el fin de ese juicio no destruyó la red de agresores, sino que la obligó a mudarse de casa.

Los usuarios que antes frecuentaban la polémica plataforma francesa de chat Coco —clausurada por la policía en junio de 2024 tras revelarse que fue el espacio donde Pelicot reclutó a los violadores de su esposa, Gisèle— encontraron rápidamente un nuevo refugio en la clandestinidad digital: la aplicación de mensajería encriptada Telegram.

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ARCHIVO – Gisèle Pelicot, que fue drogada por su ahora exmarido para que él y otras personas pudieran agredirla, llega al juzgado con una bufanda estampada con ilustraciones de Mulyatingki Marneymartu, pintora indígena martu, en Aviñón, sur de Franci AP (Lewis Joly/AP)

De salas de chat locales a una ‘Academia Global’

El equipo de investigación de CNN, liderado por las periodistas Saskya Vandoorne y Niamh Kennedy, logró infiltrarse durante meses en foros privados y salas de acceso restringido mediante invitación. Lo que encontraron dentro superó los límites de la comunidad local francesa expuesta en el tribunal. Descubrieron una red transnacional masiva que los propios usuarios denominan informalmente como una “Academia de Violación” (Rape Academy).

En estos nuevos canales, que cuentan con miles de miembros activos de diversos países, la dinámica delictiva sigue un patrón escalofriante. Los usuarios no solo comparten fotografías y videos de sus esposas, parejas o conocidas en estado de inconsciencia (un mercado de contenido que llaman comercialmente “sleep content” o contenido de sueño), sino que interactúan activamente como si se tratara de un foro educativo de asistencia mutua.

Las conversaciones documentadas por CNN muestran a hombres solicitando consejos específicos sobre dosificación química. Ante la pregunta de un usuario sobre qué medicamentos utilizar o cómo evitar que la víctima despierte, otros miembros responden de inmediato detallando dosis exactas de sedantes, ansiolíticos y métodos caseros para administrar sustancias sin levantar sospechas en las comidas o bebidas.

El negocio detrás de la pantalla

La investigación reveló además que esta estructura no solo responde a una complicidad machista o una “hermandad oscura”, sino también a un lucrativo modelo de negocio digital. Dentro de los canales de Telegram identificados (como el grupo denominado “Zzz”), se realiza la venta directa de sustancias sedantes prohibidas, la comercialización de paquetes de videos de agresiones previas e incluso la transmisión en vivo de abusos sexuales en tiempo real, cobrando accesos desde los $20 para los espectadores virtuales.

Para constatar el alcance real de esta red, el equipo de prensa de CNN rastreó digitalmente a uno de los administradores más activos de estos chats de Telegram, localizándolo físicamente en Polonia. Al ser confrontado cara a cara por las periodistas sobre las instrucciones de abuso que facilitaba a otros hombres, el sospechoso evidenció el rostro visible de una problemática que las organizaciones civiles consideran una epidemia silenciosa.

La hidra tecnológica de internet

El desafío para las autoridades internacionales es mayúsculo. Paralelamente a la migración hacia Telegram, la fiscalía de París abrió una nueva investigación penal debido a que la plataforma original, Coco, volvió a aparecer recientemente en internet bajo un nuevo nombre y con un dominio registrado en el extranjero para evadir los bloqueos legales de Francia.

Organizaciones de derechos humanos y fundaciones dedicadas a la protección de la mujer señalan que estos hallazgos demuestran que el caso de Gisèle Pelicot nunca fue un hecho aislado, sino la punta de un iceberg tecnológico masivo. La facilidad con la que estas comunidades delictivas se mudan de una aplicación a otra resalta la urgente necesidad de que los gigantes tecnológicos implementen políticas estrictas de moderación de contenido y colaboren de forma inmediata con los cuerpos policiales globales para frenar la proliferación de estos manuales de violencia.

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