Radio En Linea

Puede ser que la mayoría de quienes lean este texto nunca vivirán bajo un régimen que legaliza la violencia contra las mujeres, pero no por eso no debe resonar.

Por Paola Juárez vía Glamour

Las mujeres en Afganistán vuelven a enfrentar una realidad que nos hace reflexionar…

“Se permite golpear a las mujeres siempre que no se rompan sus huesos”. No es una metáfora, es una nueva norma impuesta por el régimen de los talibanes en Afganistán. Y basta con leerla una vez para entender que no se trata de una sola ley, sino de un mensaje claro y devastador:

Tu cuerpo puede ser disciplinado, tu dolor puede ser administrado y, es más, tu dignidad puede ser negociada, siempre y cuando no deje marcas “demasiado visibles”. Entonces me pregunto: ¿cuándo realmente importamos? Y es que no importa que ocurra lejos de nosotras, porque cuando un Estado regula la violencia en términos de intensidad —no de prohibición—, deja de proteger y empieza a autorizar, pues estamos hablando de una estructura que define el abuso como corrección, no de un vacío legal. Es el control como derecho masculino.

Mujeres en Afganistn enfrentan leyes que ponen en riesgo sus derechos
OMER ABRAR

Según el reporte de The Jerusalem Post, se aprobó el cambio en el artículo 32 que establece que, si un esposo golpea a su esposa y le provoca lesiones como heridas, moretones o fracturas, la sanción será de 15 días de prisión, siempre y cuando la mujer logre comprobar los hechos ante un tribunal. Hay que recordar, desde que los talibanes retomaron el poder en 2021, las mujeres afganas han sido empujadas progresivamente fuera de la vida pública: sin acceso a la educación, con limitación al trabajo y obligadas a desplazarse bajo la supervisión de un hombre. Esta nueva norma no es un hecho aislado: es la consolidación de una ideología que considera a la mujer como una propiedad moral y doméstica, no como una ciudadana.

Además, algo que ha llamado más la atención es el contraste de sus castigos; un ejemplo claro es que en el Artículo 70 dicta una pena de cinco meses de cárcel a quienes organicen peleas entre animales, una sanción mucho mayor que la que acaban de aprobar contra las mujeres.

Y lo más inquietante es cómo se normaliza también en el lenguaje: “sin romper huesos”, como si la violencia se midiera en fracturas y el miedo no contara como violencia psicológica. Lo más triste es que las personas temen manifestarse en contra del Código Penal por temor a las represalias, ya que también los talibanes emitieron una resolución que aclara que discutir la nueva ley constituye en sí mismo un delito, así han dejado claro las organizaciones de derechos humanos.

Mujeres en Afganistn enfrentan leyes que ponen en riesgo sus derechos
OMER ABRAR

Por ello, cuando pienso en las mujeres afganas, no pienso en cifras, sino en las niñas que se escondían para aprender a leer, en las adolescentes que soñaban ser abogadas, periodistas, doctoras y en las madres que deseaban una independencia económica. Realmente reflexiono en la valentía silenciosa que implica levantarse cada día sabiendo que tu libertad depende de la interpretación masculina de una norma injusta.

Más allá de decir si es un asunto cultural o religioso, debemos saber que los derechos humanos no son occidentales ni orientales. No son parte de la geografía: pertenecen a la dignidad humana. Y ningún marco cultural debe justificar que la ley se convierta en un manual de cómo ejercer violencia.

Lo que ocurre con las mujeres en Afganistán no es algo lejano, ni aislado, es un espejo incómodo porque cada vez que una sociedad minimiza el control sobre el cuerpo femenino, cada vez que pide a las mujeres “aguantar un poco más”, se está caminando hacia la misma lógica porque el silencio también legisla y la indiferencia también golpea.

No escribo esto desde la superioridad moral, sino desde la convicción de que los derechos humanos no están siendo garantizados. Las mujeres en Afganistán nos recuerdan que nuestra libertad puede perderse con la misma rapidez con la que se firma una nueva ley.

Es así que cuando la ley permite herir “sin romper huesos”, lo que está fracturando es la idea de lo que es la justicia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *