Durante décadas, China prefirió a los hijos varones. Hoy, el panorama comienza a cambiar y algunas familias encuentran en las niñas una opción que implica menos preocupaciones económicas.
Por Milagros Castellanos vía Nueva Mujer
En China, una frase está llamando la atención por resumir un cambio profundo en la manera de mirar a los hijos: “las chicas son como cuentas de ahorro, mientras que los chicos suelen traer deudas”. La expresión aparece en un documental de DW sobre el regreso de la aceptación a las niñas en India y China.
De la preocupación a la celebración
La frase resulta llamativa porque durante décadas ocurrió prácticamente lo contrario. En China, especialmente en zonas rurales y dentro de familias más tradicionales, tener un hijo varón era considerado fundamental para mantener la línea familiar.
El documental explica que, tradicionalmente, los hombres permanecían junto a sus padres y se esperaba que cuidaran de ellos, mientras que las mujeres, al casarse, pasaban a formar parte de la familia de sus esposos. Por eso, una hija podía ser considerada como alguien que terminaría en otra casa.

Esa mentalidad tuvo consecuencias demográficas. La investigación publicada en China Population and Development Studies señala que la proporción de nacimientos masculinos en China llegó a 121,18 niños por cada 100 niñas en 2004. Aunque posteriormente descendió, todavía se encontraba por encima del rango considerado normal.
Una generación marcada por la preferencia por los hijos
El documental relaciona esta preferencia con la política del hijo único, implementada en China en 1979. Para muchas familias, tener un único hijo significaba que ese bebé debía ser varón. Según la narración de DW, esta situación contribuyó al aumento de los abortos selectivos y el abandono de bebés.
Entonces, ese desequilibrio también dejó una consecuencia que todavía se siente y es que todavía hay más hombres que mujeres. Los datos oficiales de China muestran que al finalizar 2025 había 716,85 millones de hombres y 688,04 millones de mujeres, con una proporción de 104,19 hombres por cada 100 mujeres.
El documental muestra esta realidad a través de un mecánico de 30 años que lleva años buscando pareja. Su historia refleja las dificultades que pueden enfrentar algunos hombres en un mercado matrimonial donde existe una marcada diferencia entre ambos sexos.
¿Y ahora las niñas?

Aquí aparece el giro de la historia. La investigación académica más reciente respalda que la preferencia por los hijos varones está disminuyendo en China.
Un estudio publicado en 2024, basado en cinco encuestas nacionales, encontró una reducción de la preferencia por los hijos varones y un aumento de la preferencia por las hijas. Los investigadores señalan, además, que entre 2017 y 2019 la proporción de mujeres que manifestaba preferencia por una hija superó a la de quienes preferían un hijo.
Pero esto no significa que toda China haya comenzado a preferir niñas. El mismo estudio encontró diferencias importantes entre regiones y generaciones, ya que la preferencia por los hijos varones persiste en algunas provincias del sureste y es más frecuente entre grupos rurales y generaciones mayores.
Menos preocupaciones, nuevas oportunidades
Las personas entrevistadas por DW explican que hoy las niñas son percibidas de otra manera. Según su experiencia, reciben una educación que las hace más independientes y ya no existe la misma preocupación por tener que conseguirles una vivienda para que puedan casarse. De ahí surge la popular comparación entre las niñas como “cuentas de ahorro” y los niños como quienes “traen deudas”.
La investigación académica también apunta hacia cambios sociales más amplios. Sus autores relacionan el debilitamiento de la preferencia por los varones con la urbanización, el aumento de la educación de las mujeres, transformaciones familiares y un cambio progresivo de valores.
Una frase que cuenta una historia mucho más grande
La historia, sin embargo, no significa que China haya pasado de una preferencia absoluta por los niños a una preferencia nacional por las niñas. Los datos muestran que el desequilibrio entre hombres y mujeres todavía existe. Lo que sí está documentado es un cambio en las preferencias y en la manera en que algunas familias valoran a sus hijas.
Entonces, una frase que parece una simple broma sobre dinero termina contando décadas de transformaciones sociales. En un país donde alguna vez una niña podía ser considerada “agua derramada”, hoy algunas familias comienzan a verla como una persona independiente, capaz de estudiar, trabajar y cuidar de sus padres.


































