Por su parte, el delantero alemán Kai Havertz rompe todos los moldes tradicionales y comparte su corazón entre ladridos y rebuznos. Además de convivir con sus leales perros, Havertz siente una devoción profunda por los equinos. Desde muy joven, el atacante colabora de forma activa con santuarios dedicados al rescate y protección de burros que han sufrido maltrato, dejando en claro que para él, la verdadera felicidad hogareña incluye una gran y variada familia de cuatro patas.

Pasiones inglesas, la calidez tricolor y el gran misterio francés
En las islas británicas, Harry Kane combina su amor por el deporte con su vida familiar gracias a Brady y Wilson. Estos dos encantadores perros Labradores fueron bautizados en honor a los legendarios mariscales de campo de la NFL, Tom Brady y Russell Wilson. Kane los considera parte fundamental de su equipo, al punto de haberlos utilizado en tiernas postales en sus redes para anunciar a sus seguidores la llegada de sus hijos.

Cruzando el océano, el ecuatoriano Piero Hincapié encuentra en su tierno Bulldog francés, Luca, el antídoto perfecto contra la nostalgia y la distancia de vivir en el exterior.

Un lazo inquebrantable más allá del silbato final
Al final del día, cuando las luces de los estadios se apagan y la efervescencia de las gradas se convierte en silencio, queda al descubierto el lado más humano y vulnerable de estos ídolos globales. Ya sea mediante el imponente trote de un Dogo de Burdeos, los mimos de un exótico gato Sphynx, las travesuras de un Bulldog francés o el noble rebuzno de un animal rescatado, las mascotas nos recuerdan que detrás de cada jugada maestra hay una persona que busca la calidez de un peludo de cuatro patas.






































































































































